¿Democracia? ¡Plutocracia!

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Democracia, el gobierno del pueblo, se ha convertido en una palabra vacía. Plutocracia, el gobierno de los ricos, describe mejor el sistema político dominante. ¿Qué hacer?

"Libertad, igualdad, fraternidad..." ¿dónde?

"Riqueza, seguridad, progreso..." ¿para quién?

En teoría, elecciones y mercados son libres. Sin embargo, en la práctica estan dominados por la elite financiera que concentra y maneja una inmensa cantidad de dinero. Sin ser populares o productivos, los plutócratas controlan de arriba a abajo la política, controlando de arriba a abajo el capital a escala global.

¿Qué puedes hacer?

  • Identifica a los plutócratas que estás apoyando con tu capital. No trabajes para ellos. No consumas sus productos/servicios. No tomes prestado su dinero. No les confíes tus recursos.
  • Si tus iniciativas en transparencia y boicot son bloqueadas, identifica los problemas y apoya proyectos que trabajen en solucionarlos.

Políticos en deuda

Los estados democráticos estan gobernados por élites políticas que deben su estatus a las élites financieras. Plutócratas invierten en políticos que necesitan su ayuda para ganar elecciones y mantener sus puestos. Estos devuelven el favor a los plutócratas con influencias, negocios rentables y regulaciones a medida.

Esta forma de corrupción es endémica en cualquier sistema basado en organizaciones jerárquicas que compiten por gobernar. Cuando delegamos el poder eligiendo entre unos pocos candidatos, los plutócratas concentran sus esfuerzos en ellos. Barreras a la transparencia y la participación son el siguiente paso, junto al uso de los medios, jueces y policía. Este es un retrato de la democrácia hoy. El gobierno del pueblo necesita reformularse.

Por otro lado, cualquiera que se oponga eficazmente a la plutocracia se enfrenta a toda la presión que el dinero puede comprar. Organizaciones de base que se atengan al principio de la espiral tienen más oportunidades de resistir y evolucionar contra esa oposición.

Ladrones de riqueza pública

Servicios públicos sostenibles se convierten en empresas rentables. Negocios no sostenibles se rescatan con fondos públicos. Privatizando beneficios y socializando pérdidas: así es como los políticos sirven a los plutócratas, a costa de los ciudadanos que representan.

Mediante la corrupción y el amiguismo, una élite globalizada lleva las riendas a pesar de las bancarrotas y las elecciones. Controlan las finanzas públicas y privadas, los medios de comunicación y los ejércitos. Su concentración de poder sigue en aumento.

Cuando ganan los políticos, los plutócratas ganan. Si pierden los políticos, los plutócratas también ganan. Los caciques financieros son más poderosos que la clase política actual, sucesores de potentes emperadores y reyes. La plutocracia se hace evidente cuando ningún estado democrático es capaz de organizar una economía soberana, y mucho menos de domar una economía global agitada por tahures.

La evolución del capitalismo

Una pequeña minoría de corporaciones dominantes, bancos y grupos de presión privados se ha vuelto inmensamente poderosa, haciéndose experta en elementos del capitalismo como la concentración de capital, la especulación, la globalización y el ejercicio de influencia política. El sistema capitalista tradicional, creado para posibilitar la producción y el comercio, ha evolucionado en una nube financiera que lo devora todo, además de extraer ingresos de cualquier lugar.

La responsabilidad individual de los plutócratas se ha diluido, ofuscado y queda eximida por ley. Mientras se hacen inmensamente ricos, nunca se les piden cuentas por sus pérdidas. Sus errores y maniobras son remuneradas por la sociedad, en gran parte gracias a regulaciones públicas aprobadas por los políticos que ellos han patrocinado.

Sin embargo, la fuente de poder de los plutócratas es artificial y volátil. El dinero es confianza y nada más. Producir dinero con dinero es un negocio muy arriesgado, y éste es precisamente el negocio que impulsa la economía global de hoy en día. La plutocracia reina en un castillo de naipes. El dinero es el traje nuevo del plutócrata.

El capitalismo siempre desea parecer benevolente, natural y eterno. Sin embargo, en su actual encarnación como plutocracia global, es cruel, insostenible y al final se estrellará. A pesar de seguir distrayendo a muchas personas de las guerras, la opresión y la pobreza que causa, no puede engañar al equilibrio de la naturaleza.

Un reinicio integral es necesario para escapar de esta locura y trabajar para conseguir la felicidad para todos.

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